Chicago ha construido su plantilla en silencio y ha recibido en Las Vegas la primera respuesta sobre el terreno de juego.

Hay veranos de franquicia que se juzgan por lo que se firma en el mercado y hay veranos que se juzgan por lo que se ve después, cuando los nuevos nombres pisan una cancha de verdad. Los Bulls de 2026 han tenido los dos. Primero llegaron los movimientos de agencia libre, calculados y sin teatro. Después llegó la Summer League de Las Vegas, y ahí la historia se complicó, uno de los dos primeras rondas del draft se convirtió en la sensación de todo el evento, y el otro firmó uno de los arranques más duros que se recuerdan para un pick alto de primera ronda.
Tres movimientos, una misma filosofía
El primer bloque del verano fue puramente de despacho. Nic Claxton llegó la víspera del draft, dentro del traspaso a tres bandas que envió a Julius Randle de Minnesota a Brooklyn. Chicago no puso apenas nada de valor real sobre la mesa, absorbió el contrato completo del pívot, unos 23´3 millones de dólares, simplemente utilizando el espacio salarial que llevaba meses acumulando. Es la operación perfecta para un equipo en reconstrucción, llenar un agujero real, el del cinco titular, sin comprometer ni un pick ni un jugador joven a cambio.
Después llegó Zach Collins, y aquí el matíz importa, no fue un fichaje de mercado, sino una extensión cerrada la noche del 30 de junio, horas antes de que arrancase oficialmente la agencia libre. Dos años y 17 millones, con opción de equipo en el segundo año. Es una apuesta razonable sobre el papel, pero con una sombra evidente encima, Zach Collins jugó solo 10 partidos la temporada pasada por lesiones. La franquicia confía en su encaje al lado de Nic Claxton y del núcleo joven, pero el historial físico obliga a tratar este contrato con cautela.
El tercer movimiento fue el que le dio forma real al backcourt, Norman Powell, firmado la mañana del 1 de julio por dos años y 45 millones (unos 22´5 por temporada), también con opción de equipo en el segundo año. Powell llega tras un curso All-Star con Miami, 21´7 puntos, 47% en tiro de campo, 38% desde el triple, y es, con diferencia, la incorporación que más sube el nivel ofensivo inmediato del equipo. Con esta firma, Chicago cerró el grifo de su cap space, el mayor de toda la liga este verano, quedando por encima del límite salarial pero todavía lejos del primer apron.
Lo interesante de los tres contratos es el patrón que comparten, opciones de equipo en el segundo año, ninguno atado a largo plazo. Bryson Graham no está construyendo un equipo para competir ya. Está comprando flexibilidad y piezas que, si hace falta, se pueden convertir en activos de trade dentro de doce meses. Es un verano de gestor, no de vendehumos.
Caleb Wilson: el debut que nadie esperaba, ni siquiera los propios Bulls
Y entonces llegó Las Vegas, y ahí el guion se rompió, para bien en un caso, para mal en el otro.
Caleb Wilson, elegido en el número 4, hizo su presentación con 35 puntos ante los Grizzlies de Cameron Boozer, la segunda mejor marca de la historia en un debut de Summer League en la ciudad. En North Carolina había tirado un pobre 26% desde el triple en su única temporada universitaria, en su estreno profesional metió 7 de 11 desde fuera. No fue un espejísmo de un solo partido: en cuatro apariciones (descansó la quinta por gestión de minutos) cerró con 23´5 puntos, 7´3 rebotes, 1´8 asistencias, 1´3 robos y 2´5 tapones, con un 50/42/33% de acierto en los tres niveles de tiro.
Hubo, eso sí, partidos con matices, contra los Lakers firmó 21 puntos y 8 rebotes pero también 8 pérdidas de balón y solo 1 de 6 en triples. Es la clase de inconsistencia normal en un jugador de 19 años acostumbrado a llevar la batuta desde el poste alto y que ahora tiene que asumir más responsabilidad de la que tuvo en la universidad. Pero el conjunto de la muestra deja poco espacio para la duda, Kevin Garnett se sentó a verle jugar en pista y salió hablando de «actitud diferente», y la sensación generalizada en Las Vegas fue que los Bulls, por fin, habían encontrado a ese jugador con presencia que llevaban años buscando.
En mi opinión, lo más relevante de Wilson no es el volumen anotador, eso ya se intuía en su año universitario, sino la mejora inmediata en el triple. Si ese porcentaje se sostiene aunque sea mínimamente cerca de la temporada regular, cambia por completo su techo como jugador franquicia. Es un chico, que personalmente, creo que puede convertirse en el mejor jugador de la camada, cuando hablemos del draft 2026 dentro de unos años. Capacidad, trabajo, mentalidad, esfuerzo y talento, tiene todo para triunfar.
Dailyn Swain: la otra cara de la misma noche de draft
Si Caleb Wilson fue la gran noticia positiva del verano, Dailyn Swain, elegido en el número 15, protagonizó justo lo contrario. Los números son duros de leer, 4´3 puntos, 5´0 rebotes y 2´3 asistencias de media, con un 12´9% en tiro de campo (4 de 31) y un 0 de 7 en triples en el conjunto de sus cuatro partidos.
El contexto ayuda a entender el bache, aunque no lo justifica del todo. En Texas, Swain era un anotador atlético que atacaba desde el pase, no un generador de juego, en Las Vegas, con un roster de verano corto de bases puros, los Bulls le pidieron ser el iniciador ofensivo principal. Es, literalmente, pedirle que juegue una posición distinta a la que dominaba en la universidad, y el resultado fue previsible, muchas dudas, sobrepensar cada decisión y una sequía de acierto que él mismo reconoció públicamente como un problema de cabeza más que de talento.
Conviene ser justos con la muestra, la Summer League es un contexto extremo, con defensas físicas, rosters improvisados y cero continuidad de sistema. El precedente de Cooper Flagg, que también sufrió cuando le pidieron llevar el balón en su primer verano y terminó siendo uno de los mejores rookies de la liga, es el ejemplo que maneja el entorno de los Bulls para pedir paciencia. Aun así, 4 de 31 en tiro de campo es una cifra que no se puede maquillar del todo, y la gestión de minutos que reciba Swain en pretemporada será la primera pista real de si Chicago sigue viendo en él al ala versátil que draftearon o si el proyecto necesita un ajuste de expectativas.
Lo que deja este primer tramo de verano
Chicago ha hecho los deberes en el mercado, llenó el puesto de pívot sin gastar activos, se aseguró la continuidad con Collins asumiendo el riesgo físico que este contrato conlleva, y subió el techo ofensivo inmediato con Powell sin hipotecar el futuro. Es un verano de franquicia que sabe exactamente en qué fase de su reconstrucción está.
Pero el verdadero examen para esta plantilla no se hace en julio en Las Vegas. Se hace en octubre, cuando el ritmo de la Summer League desaparece y empieza a jugarse de verdad. Wilson ha dado la primera señal de que puede ser ese jugador diferencial que Chicago necesitaba desde hace una década. Swain, de momento, solo ha dejado preguntas. La distancia entre esas dos realidades es, probablemente, la historia más interesante que contar sobre los Bulls de cara a la temporada 2026-27.