Los Thunder llegan a la pretemporada 2026-27 con ( en teoría ) el mejor jugador del mundo, dos MVP consecutivos en la vitrina y más de 800 millones de dólares ya comprometidos con su núcleo joven. También llegan sin Lu Dort, sin Isaiah Joe y sin Aaron Wiggins, tres piezas de su título de 2025, traspasados este verano para esquivar el segundo apron. Así ha sido el primer verano de la era post-anillo en Oklahoma City.

Hay franquicias que gestionan un mal verano por perder. Oklahoma City ha gestionado un verano complicado por ganar demasiado, durante demasiado tiempo, con demasiados jugadores buenos a la vez. Ese es el resumen real de lo que ha pasado en Oklahoma entre junio y agosto de 2026: no una reconstrucción, sino una poda forzada por las normas económicas de la liga.

De campeones a eliminados en semifinales de conferencia

El punto de partida importa. OKC ganó el anillo en la temporada 2024-25 con la plantilla más joven que ha levantado un título en la historia reciente de la liga, construida casi por completo desde el draft. La temporada 2025-26 empezó como una continuación lógica de esa dominancia: 68 victorias y 14 derrotas, el mejor registro de la NBA y el primer billete asegurado para playoffs. Shai Gilgeous-Alexander firmó una temporada todavía más eficiente que la del año del anillo —31´1 puntos, 55´3% en tiros de campo, 38´6% en triples, y por ello se llevó su segundo MVP consecutivo, el 14º jugador en la historia en lograrlo en años consecutivos.
Pero el billete al repóker de títulos se rompió en las finales de la Conferencia Oeste. San Antonio, con un Victor Wembanyama ya decisivo, Castle acompañándole y Dylan Harper maravillando al mundo, eliminó a los Thunder camino de una final que acabarían perdiendo ante los Knicks. No fue solo cuestión de rival: Jalen Williams arrastró molestias musculares que limitaron su producción en la postemporada, y Chet Holmgren llegó condicionado por una fractura en el ala ilíaca sufrida meses antes. OKC entró en el verano sin el anillo defendido y con dudas físicas sobre dos de sus tres estrellas.

El precio de ganar: 822 millones ya sobre la mesa

Lo que ha marcado de verdad este verano, sin embargo, no viene de la pista, sino de julio de 2025: las extensiones que blindaron al núcleo. Gilgeous-Alexander firmó un supermax de cuatro años y 285 millones de dólares que entra en vigor en 2027-28, tras cobrar 40´8 millones esta próxima temporada de su contrato anterior. Chet Holmgren firmó una extensión máxima de cinco años por hasta 250 millones, que arranca ya en 2026-27 con 41´2 millones. Jalen Williams cerró una extensión rookie máxima de cinco años por hasta 287 millones, también activa desde 2026-27. Sumadas, esas tres firmas suponen hasta 822 millones de dólares en compromisos futuros para tres jugadores de 24, 28 y 25 años.
Es la contrapartida lógica de tener un núcleo así de bueno así de joven: hay que pagarlo. El problema es que ese pago, sumado a la necesidad de retener a Isaiah Hartenstein, disparó la nómina proyectada de OKC muy por encima de los umbrales de la liga. Hartenstein aceptó renovar por tres años y 75 millones de dólares, con un gesto relevante: su sueldo baja de 28´5 a 23´1 millones en la primera temporada del nuevo contrato, una rebaja que ayudó a las cuentas del equipo, aunque no fue suficiente por sí sola.
Con Hartenstein renovado, la opción de Lu Dort ejercida y Kenrich Williams de vuelta por un año, OKC seguía unos 13 millones de dólares por encima del segundo apron, ese umbral que como ya explicamos en nuestra guía sobre el salary cap (Aquí la tienes) paraliza a un equipo: sin sign-and-trade, sin excepción de mid-level real, sin capacidad de agregar salarios en traspasos. Justo lo contrario de lo que necesita un equipo que quiere seguir moviéndose en el mercado.

La purga de julio: por qué salieron Dort, Joe y Wiggins

La solución de Sam Presti fue tan drástica como previsible para quien conoce su forma de operar: vender activos de rotación a cambio de flexibilidad futura. El propio Presti, según recoge la prensa que sigue a la franquicia, lo resumió sin rodeos: la salida de Dort fue «una decisión financiera». Isaiah Joe, uno de los mejores tiradores de la plantilla, salió hacia Detroit Pistons por dos futuras segundas rondas. Lu Dort, defensor All-Defensive de primer equipo en 2025 y el jugador con más antigüedad en la franquicia, fue enviado a Atlanta Hawks junto a Ryan Nembhard, en una operación a tres bandas que también movió a Zaccharie Risacher hacia Dallas Mavericks. Aaron Wiggins completó la salida de aleros-escoltas rumbo también a Atlanta.
En conjunto, estos tres movimientos redujeron la factura combinada de nómina e impuestos en unos 224 millones de dólares, según reportaron Yahoo Sports y ESPN, sumaron siete futuras segundas rondas a un almacén de activos ya enorme, y devolvieron a OKC a una zona por debajo del segundo apron. Es una operación coherente desde el despacho. Es también, sin rodeos, un empobrecimiento real de la rotación que ganó el anillo: Dort era el mejor defensor exterior del equipo desde hace varias temporadas, y su salida deja un hueco de titular que, a día de hoy, no tiene un sustituto directo confirmado.

El draft como parche barato

Si las salidas dolieron, el draft sirvió para amortiguarlas sin gastar dinero de verdad. Con el pick nº12, propio, OKC eligió a Aday Mara, pívot de Michigan de 7’3″ recién campeón de la NCAA, un perfil defensivo y de protección de aro que encaja con la identidad del equipo. El pick nº17, llegado vía Philadelphia, lo traspasaron esa misma noche, dentro de un paquete a Memphis, para subir un puesto y quedarse con Bennett Stirtz, base de Iowa con lectura de juego y capacidad defensiva. Memphis, a su vez, reenvió ese pick a Detroit por más segundas rondas futuras.
Son dos jugadores con contrato de rookie, es decir, baratos, que llegan justo cuando el equipo necesita cubrir minutos sin comprometer más masa salarial. Es la misma lógica que llevó a OKC al título, construir valor barato alrededor de estrellas caras.

Cómo queda el roster de cara a 2026-27

El esqueleto que sostiene la ambición de OKC sigue siendo el mismo: Gilgeous-Alexander, Holmgren y Jalen Williams, respaldados por Hartenstein en el interior y una segunda unidad de contratos manejables, Alex Caruso (19´6 M$), Cason Wallace (7´4 M$), Ajay Mitchell (2´9 M$) y Jaylin Williams (7´8 M$), más los recién llegados Mara y Stirtz. Es, sobre el papel, una plantilla todavía de las mejores de la liga. Pero es, también, una plantilla con menos margen de error defensivo que la que ganó el anillo. Sobre quién hereda el puesto de Dort en el once inicial, la propia franquicia ha empezado a despejar la incógnita en las últimas semanas, Cason Wallace aparece como favorito de cara al training camp, por delante de Ajay Mitchell, aunque la decisión definitiva no se tomará hasta pretemporada. Es un cambio de perfil, no una sustitución equivalente ya que Wallace tira mejor que Dort, pero no tiene su mismo techo defensivo para frenar a los aleros más físicos de la Conferencia Oeste.

Un verano que se explica por la letra pequeña

Nada de lo que ha pasado en Oklahoma City este verano se entiende sin el segundo apron. No hubo un mal fichaje, ni una lesión que forzara la salida de nadie, hubo una hoja de cálculo que dijo que, con 822 millones ya comprometidos con tres jugadores de veintipocos años, no había sitio para pagar también a Dort, Joe y Wiggins sin pagar un precio todavía mayor en restricciones de plantilla. Presti ha elegido flexibilidad futura sobre profundidad presente. Queda por ver, ya sobre la pista, si esa apuesta le sale tan bien como le ha salido casi todo desde que llegó a Oklahoma City. Creo que, la decisión es la correcta, ya que muchas franquicias en esta situación, decidieron no tenerle miedo al segundo apron, y el segundo apron les acabó poniendo en su lugar algunas temporadas más tardes.